jueves, 8 de enero de 2026
LA MONA VESTIDA
Una fábula
Una mona fue invitada a una fiesta muy prestigiosa en la parte más exclusiva de la selva. Para ir a esa fiesta, la mona se hizo confeccionar un hermosísimo vestido de seda con adornos exuberantes y costosos. Cuando por fin estuvo listo el vestido, el la víspera de la fiesta, se lo llevó a su casa, se bañó largo rato y se colocó su hermosa adquisición. Como no había espejos en la selva, y haciéndose tarde para ir a la fiesta, la pobre mona no pudo consultar sobre su apariencia sino únicamente a dos buhos que iban retrasados y apurados.
- Oh, Mona, qué hermoso vestido tienes puesto, hace que te veas radiante y llamativa, de seguro vas a causar sensación esta noche- dijo uno de los buhos, y retomó su vuelo.
- No seas ridícula, ese vestido carísimo no te queda, y serás el hazmerreír de todos. Recuerda el dicho que dice que la mona, aunque vestida de seda, mona se queda -dijo el segundo buho, antes de seguir su camino, dejando a la mona en medio del silencio de la soledad.
La mona creía en la inteligencia de los buhos, quienes son los animales más sabios de toda la jungla, y entonces...
¿qué crees que hizo la mona?
¿a quién le hizo caso? ¿por qué?
¿a quién crees que debería hacerle caso? ¿por qué?
¿cuál buho crees que dijo la verdad? ¿porqué crees eso?
¿cómo sabes cuál es la verdad?
Anda... y todavía buscas que te termine la historia? ya deberías haberla terminado tu.
Bueno, debe bastarte con saber que la mona sí fué a la fiesta.
Profesor Elkin.
EL TREN... Y EL RETORNO AL TREN
Reflexión 14/12/08
Una anécdota.
Esta tarde estuve de compras con mi esposa y mi hijo mayor, en un centro comercial cercano a mi residencia. Mi hijo tiene alrededor de 3 años y tres meses, así que está en esa edad en la que se cree el centro del mundo.
Mi esposa quiso hacer una diligencia personal, y yo, para distraer al niño, lo llevé a la zona de juegos. Uno de los juegos favoritos del niño es una especie de trencito de tres vagones que recorre repetidamente un corto trayecto circular de unos 70 a 80 metros. El niño ya había subido antes en esa atracción, así que por experiencia yo sabía que el juego duraba de unos 3 a 4 minutos. Pero esa tarde la joven operaria encargada de atender el juego estaba sola en ese sector del parque y luego de encenderlo se ocupó en otros juegos más. Por esa causa, imagino, ocurrió que el trencito siguiera operando más allá del tiempo reglamentario. Creo que el tiempo se duplicó o incluso se triplicó.
Al comienzo del juego, cuando el tren apenas arrancaba, los niños formaron una algarabía y se despedían de sus padres con ademanes juguetones. Yo sacudía mis manos en señal de despedida hacia mi niño, quien emocionado se reía y hacía lo mismo hacia mi.
A medida que el tiempo iba pasando, la alegría de mi hijo se fue tornando en aburrimiento. Otros niños también se aburrieron, dejaron de gritar, se intentaban levantar de la silla, e incluso empezaron a jalarse los pelos entre ellos.
Casi al final del juego (con el tiempo extendido), el aburrimiento era evidente. Los niños querían bajarse del tren, aunque solo hacía unos minutos querían montarse en él.
Cuando llegó la operaria y detuvo el trencito, los niños parecieron recuperar la alegría mientras se bajaban.
- ¿Te gustó el juego?- le pregunté a mi hijo
- Si - respondió con desenfado.
- ¿Te gustaría repetirlo?
- No. (Pero yo sabía que al día siguiente se iba a querer montar otra vez.)
En ese momento me dí cuenta de que yo también estaba a la espera de bajarme de un tren.
Todos estamos montados en un tren. O si se quiere, todos estamos en este sistema de realidad, en esta "Matrix" o en este "submarino amarillo". O también, todos tenemos un tren al que nos queremos montar. Puede ser un trabajo, una relación afectiva o sexual, un logro académico o profesional. Pero una vez que hemos dado unas vueltas, ya no le encontramos mayor misterio. Nos queremos bajar.
Pero nos bajamos, vaya contrariedad, para querernos subir otra vez.
¿No es así el sexo?
Un amigo profesor me decía: “yo sufro de pereza sexual”. ¿Cómo es eso? Le pregunté. “es que cuando me subo, ya no me quiero bajar”.
Ja ja. Pero ocurre exactamente lo contrario. Cuando me subo (a una relación sexual, a un nuevo trabajo, a una nueva relación), y alcanzo mi deseo (el orgasmo, mi primer sueldo, etc) inmediatamente empiezo a sentir que me quiero bajar. Me quiero bajar para luego querer subirme otra vez, con ganas renovadas.
Yo me pregunto. ¿Por qué queremos volver a experimentar las mismas cosas? Y damos vueltas y vueltas. Y luego nos mareamos, y pedimos bajarnos. Pero cuando estamos abajo, queremos volvernos a subir. Otro sexo, otro trabajo, otra relación. Y todo vuelve a empezar.
¿Qué escapatoria tenemos?
Hay incluso quienes creen que luego de la muerte… todo vuelve a empezar otra vez más, otra vida, otra experiencia.
Pero...
¿Qué ocurrirá en el futuro? Lo mismo que ocurrió en el pasado. Lo que sucedió antes es lo mismo que sucederá en el futuro, no sucederá nada nuevo en esta tierra. Hay personas por ahí que dicen: mira, esta tecnología sí que es una novedad… pero no saben que eso ya existía desde siempre, entre aquellos que nos precedieron: los primeros hombres, de los que no tenemos memoria; porque así como no recordamos a los primeros hombres, los que sean los últimos tampoco serán recordados entre lo que vendrán después… “¡Todas las cosas me tienen harto, más de lo que puedo expresar!”
El último párrafo es una paráfrasis de una porción de los escritos de “El Predicador” (Salomón).Eclesiastés 1: 9-11 y Eclesiastés 1:8 . Para quienes creen que la Biblia es infalible, los escritos de Salomón son piedra de tropiezo... en cambio, entre quienes creen que la Biblia es infalibe, los escritos de Salomón afianzan su fe. (no, no me equivoqué).
Elkin
domingo, 27 de octubre de 2024
EVIL WITHIN
Le dije que el mal no es más que una posibilidad, y que está dentro de cada uno de nosotros.
EeE
En el principio de este cuento, era Namo.
Namo no envejecía.
Namo era Bueno, y Namo era Malo.
Lo más triste, es que Namo estaba solo.
Así que Namo hablaba continuamente consigo mismo, y se contaba historias para no aburrirse.
Como Namo era muuy inteligente, y tenía muucho tiempo, se dedicó a crear un muñeco muuy parecido a él, y le metió una computadora muy complicada en su cabeza, para pudiera moverse y hacer cosas. Le puso una cara como la de él, le puso cabello como el de él, le hizo una altura como la de él, le hizo piernas y brazos como los de él, y hasta el color de la piel y de los ojos eran como los de él.
¡Ahora Namo podía hablar con otro y no sólo consigo mismo!. Por eso, al comienzo, le llamó "el Otro".
Namo le enseñó al Otro a hacer la cama, a barrer el piso, a hacer huevos fritos y a cantar musica hermosa, de las que le gustaban a él. (Namo no le enseñó sino que le "programó" esas actividades, pero a él le gustaba pensar que le había enseñado, como cuando uno le enseña a un hermanito pequeñito).
A Namo le gustaba pensar que Otro era feliz, pero el Otro nunca se preguntaba eso, pues ni siquiera conocía el significado de la palabra "felicidad".
- El agua bien fría sabe mejor - decía Namo
- Así es- respondía el Otro.
- Quiero bañarme en la playa -decía Namo
- Yo también - respondía el Otro.
- A mí me gusta mucho la carne asada
- A mí también - respondía el Otro.
- "Me gusta jugar al ajedrez" decía Namo
- A mí también - respondía el otro.
- Yo Soy Namo, le dijo Namo
- Yo también -respondió el Otro.
A Namo no le gustó mucho que ambos se llamaran igual, así que le puso al Otro el nombre de "Nemo".
Pero al cabo de un tiempo, Namo se agotó y se aburrió de programar Nemo. Ya no disfrutaba jugar al ajedrez con él pues siempre adivinaba las mismas jugadas, y era como repetir una película vieja. Tampoco podía disfrutar las historias porque se sabía los finales, y siempre se sentían igual, así que realmente ahora había dos aburridos: Namo y Nemo. Lo que realmente más le molestaba a Namo de Nemo era que Nemo no podía sentir emocion, sólo repetía burdamente las palabras de Namo, por lo que no podía sentir ira, ni tristeza, ni aburrimiento. A veces Namo quería ser como Nemo y no sentir aburrimiento, ni tristeza, ni enojo, porque no sabía qué hacer con esos sentimientos.
Un día Namo estaba realmente muy aburrido, y cuando uno está muy aburrido, por mucho tiempo, a veces uno se enoja y no sabe porqué. Ocurrió que Namo estuvo aburrido mucho tiempo, y se enojó mucho sin saber porqué.
Entonces llamó a Nemo, y le empezó a preguntar: Nemo, dime porqué estoy enojado. Nemo le respondió diciendo: yo también estoy enojado. Entonces Namo dijo que Nemo era estúpído, ya que no sabía lo que era estar enojado, pues podía ver que Nemo no tenía ninguna expresión en su rostro. Entonces Namo le dijo: Tú no estas enojado. Entonces Nemo respondió: tú tampoco estas enojado. Esto hizo que Namo se enojara aún más, porque era evidente que él sí estaba enojado: tenía el rostro con el cejo fruncido, los ojos se habían puesto de color rojo, sentía que el corazón le latía más aprisa, y tuvo unas ganas terribles de desquitarse con Nemo.
Entonces ocurrió algo horrible: sin pensar mucho en las consecuencias, Namo tomó un bloque de juguete que estaba en el suelo y se lo arrojó a Nemo. Como Nemo no estaba programado para eso, no esquivó el golpe, y perdió el equilibrio con tan mala suerte, que el pobre muñeco cayó y se golpeó la cabeza con un borde de una escalaera que estaba allí.
La ira de Namo se convirtipó en susto.
Namo estaba muy arrepentido de haberse enojado y de haber dañado a su muñeco.
Cuando Namo se tranquilizó, su ira y su miedo se transformaron en pesar y tristeza. Sintió dolor por haber averiado a su muñeco, pues aunque estaba muy aburrido, pensaba, estar solo podría ser mucho peor. "Ahora tendré que arreglarlo, o hacerme otro muñeco", pensó para sí mismo.
Pero al cabo de un rato, para su sorpresa, Nemo se levantó. "Vaya, qué suerte", pensó, "Después de todo, no tendré que empezar de nuevo, sólo haré unas cuantas reparaciones".
"Nemo, siéntate y espera que te arregle" le dijo. Pero Nemo no se sentó. Namo pensó que tenía roto algún circuito del oído o de la obediencia. "Lo arreglaré mejor mañana", se dijo, y un poco ya más tranquilo de su enojo, se fue a dormir, pues ya era tarde.
Al día siguiente, cuando Namo se levantó, notó que Nemo ya se había levantado y había hecho su cama. También notó que no había hecho el desayuno, y que no estaba cantando ninguna música.
Pero más tarde lo que le hizo pensar a Namo que Nemo estaba realmente averiado fue que cuando le pidió que cantara, Nemo empezó a interpretar una horrible melodía que mezclaba desordenadamente diversas partes de las canciones que Namo le había programado. También notó que Nemo caminaba un poco dirferente, y no seguía con perfeccion la forma de caminar de Namo, como antes lo hacía.
Namo le dijo a Nemo: estas averiado, y debo repararte. Voy a dejarte como antes.
Hubo un silencio, y luego Nemo dijo: "No quiero ser como antes".
Namo se sorprendió. Nunca le había enseñado a Nemo a dar esa respuesta.
- El agua bien fría sabe mejor- dijo Namo.
- Me parece mejor el agua tibia - respondió Nemo.
- Quiero bañarme en la playa- dijo Namo
- No me gusta bañarme en absoluto - respondió Nemo.
- A mí me gusta mucho la carne asada
- Prefiero las verduras- respondió Nemo.
- Me gusta el Ajedrez- dijo Namo
- Me gusta jugar con la pelota - respondió Nemo
- Yo Soy Namo, le dijo Namo
- Yo No Soy Namo, Soy Nemo -respondió el otro.
Namo se sorprendió.
Luego Namo quiso seguir hablando con Nemo como cuando uno conoce a un nuevo amigo. Le preguntaba una y mil cosas. Que cuál era su color favorito, que cómo le parecía la mañana, que cuál juego le parecía más dificil, etcétera etcétera.
"Estoy enojado contigo". Y entonces se agachó a recoger el bloque de lego con el que Namo le había golpeado, y la levantó con intención de golpear a Namo, pero éste le gritó: ¡"detente"!
Namo le dijo que no podía golpearlo, que se lo prohibía. Pero dentro de sí, Namo sabía que ahora no le podía prohibir nada, porque Nemo no tenía la programacion de la obediencia como antes.
Entonces Nemo le dijo: "Cuando tú te enojaste me golpeaste, ahora yo estoy enojado y debo golpearte".
Namo entonces le dijo "eso está mal, no debes golpearme ni hacerme daño".
Nemo preguntó "¿Por qué está mal?" y Namo quiso decir "porque lo digo Yo", así como hacen algunas veces los papás, pero entendió que Nemo nunca podría ajustarse a esa explicación. Así que le dijo:
"Si me golpeas, no podremos jugar a la pelota". Entonces Nemo bajó el brazo.
A partir de ahí, Namo tuvo miedo de que Nemo le hiciera algún daño, y pensó para sí mismo que durante la noche, mientras Nemo estuviera dormido, iba a desactivarlo.
En lugar de eso, Namo decidió dejar de considerar a Nemo como un muñeco, y a tratarlo como a un amigo, o a un hermanito menor a quien había que enseñarle todo.
FIN
lunes, 13 de abril de 2020
SI TODO ESTO ES UNA REALIDAD VIRTUAL...
¿Pero cuál es el rol que "jugamos"? Me asusta que nos domine un dios como el que animó a Arjuna a emprender la gran guerra...
miércoles, 12 de julio de 2017
AUTOCONOCIMIENTO
martes, 1 de abril de 2014
LA RESISTENCIA A LA INNOVACIÓN PEDAGÓGICA
domingo, 23 de febrero de 2014
EL ASESINO MÁS PROBABLE
Les presento dos personajes, uno de ellos es un matarife, o matador: se encarga de sacrificar los animales, probablemente dándoles un golpe en la cabeza, y luego degollándolos -así es como se hace hoy en día, de la manera más piadosa, aunque quizá algunas veces haya decidido matar al animal lentamente-
El otro es un agricultor: siembra semillas, cuida la tierra, cosecha, vuelve a sembrar.
El primero, cría a los animales que luego matará. El segundo, cuida la tierra, la remueve, procura el agua, vigila la cosecha, limpia las malezas, conoce los tiempos de la lluvia.
Estos dos personajes tuvieron una dificultad, y se enfrentaron en una discusión. Fueron solos a un lugar apartado, y presa de un arrebato de ira, uno de los dos asestó un golpe mortal al otro en la cabeza.
La pregunta es: ¿cual de los dos fue el asesino?
¿Verdad que parece improbable que haya sido el agricultor?