domingo, 10 de julio de 2011

EL PROPOSITO DE LAS RELIGIONES.

Hubo una vez un Rey sabio, justo y recto con su pueblo, a quienes todos profesaban fidelidad. Llegó el tiempo en que su hijo mayor hizo una pacto secreto con algunos de los ministros y Generales del Rey para apoderarse del trono. Todo lo hicieron de prisa y en la noche, y se apoderaron de la habitación real convirtiéndola en prisión. El plan del joven heredero era magnífico: le quitaron el poder al Rey sobre el ejercito para obligarlo a abdicar en favor de su hijo, y el nuevo monarca se apresuró en ofrecer títulos y posesiones a los cortesanos para que reconocieran la nueva monarquía, y amenazar con la muerte segura y la humillación a quien se opusiera o se atreviera a mostrar cualquier actitud diferente a la absoluta sumisión. Pero hubo unos servidores fieles que amaban al REy más que a sí mismos y a pesar de la clara posición dominante del nuevo Rey y a la evidente indefensión del primero, prefirieron declarar públicamente su fidelidad al verdadero Rey, y por ello fueron desposeídos, humillados y ejecutados públicamente.

Pero a los lejanos súbditos del reino, los obreros y la gente del pueblo, quienes nunca habían visto al Rey, sólo les llegó la noticia de que había un nuevo REy: que el hijo había heredado. Y también les llegaron regalos, exenciones de impuestos, perdones de deudas, fiestas y alegrías. Por esto, tomaron el cambio de Rey como una grata noticia.

sábado, 14 de mayo de 2011

EL PROPOSITO DE LA VIDA

PROPÓSITO 

Me he puesto a meditar en ésto: 
¿Cuál es el propósito de la vida?
y he encontrado que esta idea es la más útil de todas:
"La vida es experiencia consciente".

Entonces vuelvo a meditar en esto:
¿Para qué sirven las experiencias?
Y encuentro que sirven para entender.

Hay experiencias que se gozan, y hay experiencias que se sufren. 
Me pregunto: ¿Quién determina las experiencias que debo "experimentar" en mi vida?
Y me respondo: Yo mismo. Y también me respondo: Dios.

Dios es quien determina mi vida.
O YoSoy quien determina mi vida.

Cuando estoy en la pobreza, entiendo lo que significa estar en la pobreza. 
¿De qué otra forma lo podría comprender?

Cuando estoy en la riqueza, entiendo lo que significa estar en la riqueza. 
¿De qué otra forma lo podría entender?

Cuando cometo un crimen contra alguien para mi beneficio, entiendo lo que se siente beneficiarse de un crimen. 
 ¿De qué otra forma lo podría entender?

Cuando alguien comete un crimen en mi contra para beneficio suyo, entiendo lo que es ser víctima de un crimen. 
¿De qué otra forma lo podría entender?

Entonces pienso que una sola vida no puede alcanzar para comprenderlo todo... O acaso, ¿nunca lo comprenderé todo?.

Y cuando comprendo: entiendo, aprendo... Cambio.
Ya no quiero cometer más crímenes. 
¿Qué castigo puede haber contra eso?

Pero si no comprendo: no cambio, ignoro mis errores, no veo mis errores, no hay errores. 
¿Qué castigo puede haber contra eso?

A veces me siento muy triste. 
Me pregunto: ¿Cuántas experiencias me faltan por experimentar?. 
Me siento muy cansado. 
¿Sufriré? ¿Gozaré? ¿Cuándo terminaré de aprender? 
¿Cuánto más sufriré de mí mismo?

Quiero descansar. 
Nada es real. 
La luz me fatiga.
¿Alguien me la puede apagar, por favor?

viernes, 13 de mayo de 2011

EL FIN DE LA TIERRA

ES un tema recurrente en la imaginería popular el Fin del Mundo. Pero quiero hablar sobre el FIN DE LA TIERRA, como un organismo que está en decadencia, debido al consumo imprudente e inconsecuente de los seres humanos.

Al parecer, el consumo y el agotamiento de los recursos fósiles dan poca esperanza para un mundo promisorio, y apuntan a una gran mortandad entre los seres humanos, que se avecina muy pronto (ver documentales Colapso, el Fin del Petróleo).

El alto índice de prosperidad y natalidad afectan directamente a el agotamiwento de los recuersos naturales, (ver artículo http://www.semana.com/mundo/acelera-consumo-recursos-naturales/156649-3.aspx) una tendencia que debe cambiar dramáticamente: muere la tierra o morimos nosotros.

Pero, ¿a qué se debe nuestro inclemente crecimiento? y reviso que, en casi todas las religiones occidentales, obedecemos a un mandato divino:

Gen 1:28 Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

Gen 9:1 Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra.

Gen 9:7 Mas vosotros fructificad y multiplicaos; procread abundantemente en la tierra, y multiplicaos en ella.

Jer 29:6 Casaos, y engendrad hijos e hijas; dad mujeres a vuestros hijos, y dad maridos a vuestras hijas, para que tengan hijos e hijas; y multiplicaos ahí, y no os disminuyáis.


Pero esto no se queda ahí, pues al final Dios promete un castigo para quienes, a traves de su avaricia incontenida, destruyen al planeta consumiendo sus recursos:

Rev 11:18 "Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra."

No tenemos escapatoria:

Moriremos porque la Tierra se agote (destruimos la tierra y entonces nos destruimos a nosotros mismos), o moriremos destruidos por Dios, quien destruye a los que destruyen la Tierra.

Por eso creo que esos profetas que andan por ahí vaticinando que el mundo empieza a terminarse el 21 de mayo de 2011... no sacan sus conclusiones del suelo.

lunes, 18 de abril de 2011

EL PEOR PELIGRO

A veces nos convencemos a nosotros mismos de que estamos del lado correcto.
Vamos a una iglesia, hacemos cosas "buenas", ayudamos a los demás...

A veces nos dejamos insuflar espíritu del santo, y creemos que tenemos el derecho de ser elegidos para el rapto, la salvación, la transformación, o lo que fuere que sea que implique nuestro traslado al supermundo divino, con credencial de dioses. (ni siquiera los griegos tuvieron unas pretensiones tan altas).

Es peligroso que pensemos que somos la generación correcta, cuando todo a nuestro alrededor parece indicar lo contrario: Intolerancias, racismos, agotamiento de los recursos naturales, egoísmo, explotación del ser humano, etc.

Lo más peligroso de todo son las religiones: sin importar el pasado ni las consecuencias de sus nefastos actos, andan por ahí traficando salvación y perdón sin límites y convirtiendo en dioses a personas de la más dudosa reputación, con sólo recitar sencillas fórmulas de salvación.

Pero el peor peligro son esas personas, que destruían el mundo, quienes luego de ser convertidas a sus nuevas religiones siguen destruyéndolo igual, pero desde su nueva categoría de santos.

Si el mundo es mucho más religioso ahora que antes ¿no debería ser un mejor mundo?

DIOS

"Dios" es una palabra.
Ni siquiera es tan especial o sagrada como algunos pretenden interpretar, pues es un nombre común.
Proviene del vocablo griego "Zeus", que designaba a un "dios" pagano.

Una palabra es un símbolo, algo que pretende representar otra cosa. Y si Dios existe, no puede ser representado con nada, a riesgo de que la representación sea falsa.

Por otro lado, si Dios puede ser representado de alguna manera, entonces puede ser comprendido.

Si Dios puede ser comprendido, quiere decir que la mente humana (que es la que comprendería a Dios)es suficiente para contenerlo. Los límites de Dios cabrían en la mente, por lo tanto, Dios podría ser una creación mental.

Si Dios no puede ser comprendido por palabras, ¿por qué entonces sólo lo conocemos a través de ella?
Sin embargo, parece ser que Conocer a Dios no es lo mismo que Comprenderlo.

O, quizás, nunca lo hemos conocido, y sin embargo nos jactamos de que lo hemos hecho.

¿Porqué haríamos eso?

lunes, 8 de noviembre de 2010

LO QUE SE PONE DELANTE DE NUESTROS OJOS

Aceptamos lo ques e pone delante de neustros ojos como si fuera la verdad revelada... a menos de que dudemos. La pena de la duda es que siempre hay que dudar, hasta que uno no encuentra ningún asidero como no sea la duda misma. en el proceso, uno se pierde a sí mismo y cae en la vanidad del no-ser (vano y superfluo) y en la depresión de la inexistencia. Si nada existe sino la capacidad de dudar, esa capacidad es la que denomino mi yo: yo soy quien duda, yo soy quien pienso, yo soy quien existo.

miércoles, 28 de julio de 2010

DESDE EL GALPÓN

Aunque era joven aún, a sus 21 días se sentía como de 31. Desde que era un chico sus maestros le habían enseñado que los humanos eran los poderosos de la tierra, y los sacerdotes habían vaticinado, generación tras generación, que un día ellos volverían para destruir la maldad del galpón, y llevarse consigo a los más fieles de su especie para fundar una nueva civilización, llena de paz y armonía.

Cada mañana, al despertar, se repetía a sí mismo la verdad de los humanos, la declaraba su verdad, y les juraba fidelidad eterna. Sin embargo, aquella misión de espionaje lo había perturbado: ¿Para qué le encomendaban escuchar cosas prohibidas?

Sujetó su tablón de apuntes al pescuezo y se apuró a llegar al sótano.

Esperaba encontrar una reunión menos tumultuosa. Evidentemente el secretismo se había perdido.

El anciano hablaba sin temor, a pesar de la segura transferencia que le aguardaba. El joven escuchaba atentamente, como quien deseaba hacer un buen trabajo, pero no podía evitar hallar ciertas coherencias en aquel peligroso discurso, que generaban ciertas dudas que amenazaban su formación. “Creer sin dudar” era una cualidad imprescindible para el sacerdocio.

“He vivido mucho más tiempo que todos ustedes, y les hablo con sabiduría desde lo antiguo” decía el anciano, con voz carrasposa y difícilmente audible: “he sido sacerdote, y he sido maestro, y hoy hablo en público, pero pronto me harán callar… no crean cuando les digan que nos transfieren a otro galpón, la verdad es que nos llevan a la muerte”

La muerte era desconocida para el joven, y no llegaba a ser más que una promesa de castigo para los rebeldes. Lo que decía el anciano parecía descabellado, pero en algo tenía razón: varios de los asistentes a aquella oscura reunión estaban infiltrados para recolectar información que permitiera autorizarle una transferencia al galpón penal. Sin embargo, había algo en el incitador y en sus palabras que le inspiraban un sentimiento extraño, indescifrable.

“En el principio los hombres habitaban la tierra, y no existían los galpones, sino que la tierra lo era todo. Luego, la tierra fue destruida y todo ser vivo murió, excepto los humanos y nosotros, a quienes, en nuestra era primitiva, nos llamaban “pollos”. No es cierto que los humanos nos crearon, sino que nosotros, al igual que los humanos, fuimos creados por un ser Superior a los humanos, un Hombre de los Humanos. Luego de la destrucción de la tierra, los humanos crearon los galpones, y en ellos nos criaron a nosotros, modificando nuestra naturaleza para que sobreviviéramos a las inclemencias de la tierra. En cierta forma nos protegieron de la destrucción, pero sólo para hacernos cosas abominables”

La mente del joven empezaba a asimilar estas fantásticas ideas: ¿un humano de humanos? Nunca hubiera podido pensar en eso: no hay humano encima de los humanos, los humanos son los únicos poderosos y el destino absoluto de la obediencia; era la ley de amor que siempre había recibido, y en la que creía firmemente. La idea no le desquició del todo, pero lo que escucharía a continuación sí lo desubicó:

“Nosotros hemos sido criados con el único fin de servir de alimento a los humanos... esto ha sido así desde que estábamos sin espíritu, desde que éramos sin memoria, desde cuando éramos primitivos”

Algunos comenzaron a menear la cabeza en forma negativa, y una risita burlona se dejó oír en medio de las incipientes murmuraciones. No era nueva esa tontería de los alienígenas voraces.

“Cuando éramos primitivos, los galpones eran simples cárceles donde nos engordaban y de donde nos sacaban para el sacrificio obligatorio”

El joven siempre había creído que los sacrificios eran eventos antiguos, que ya no se practicaban más por orden de los humanos. Eran barbaries que cometían los primitivos que no conocieron la verdad, y que adoraban a falsos humanos.

“Luego, cuando comenzamos a organizarnos para la rebelión, nos dividieron en muchos galpones, y comenzaron a enseñarnos mentiras para mantenernos sumisos y obedientes, haciéndonos creer que ellos eran nuestros creadores”

Aunque el joven sabía muy bien que existían otros galpones, las comunicaciones entre ellos eran cosa prohibida. Sólo los maestros y sacerdotes regresaban para orientar y educar a los más jóvenes. Dentro de algún tiempo, él mismo esperaba ser transferido a otro galpón para regresar como sacerdote, o al menos como maestro… “dependiendo de tu informe, podrías ser transferido al galpón de los sacerdotes; sé fiel a los humanos en todo momento” fueron las palabras de su maestro antes de encomendarle la actual misión.

“Ustedes no provienen de las manos de un humano, si no de incubadoras que se alimentan de nosotros mismos. ¡Somos nuestros propios creadores!”

Los murmullos cesaron de súbito. Los asistentes comenzaron a sacudirse incómodamente. Una gran herejía acababa de ser pronunciada. Todos sabían que exclusivamente los humanos podían engendrar, y que junto con la de alimentar, eran las dos funciones más sagradas del galpón. El joven espía sacudió su cabeza tratando de abandonar el esfuerzo de transigir con ideas tan descabelladas, que a todas luces provenían de una mente desquiciada, y comenzó a poner en orden sus pensamientos.

El anciano hacía un esfuerzo para hablar por sobre las murmuracioes: “El Hombre de los Humanos nos visitó en la esclavitud, y nos dotó de la inteligencia que tenemos, de nuestros sentimientos y de la capacidad de discernir el bien del mal, ¡de ser libres! ¡Nosotros no necesitamos de los humanos para vivir! ¡Nosotros somos como los humanos! ¡Estamos mejor capacitados que ellos para poblar la tierra!”

El joven levantó una pata y comenzó de prisa a rasgar sobre el tablón que tenía colgado en el pecho la descripción de algunas de las locuras que decía el anciano, para incluirlas en su informe.

“Si ustedes se juntan a mi, juntos podemos destruir las paredes de éste galpón”

“Nuestra vida puede ser mucho más larga que sólo 40 días, no se dejen transferir de galpón, no hay mejor galpón que éste”

“Los maestros y sacerdotes quieren controlan su pensamiento, no crean nada que no puedan entender, duden de todo lo que les ha sido enseñado”

Antes de que pudiera anotar algo inteligible, la reunión terminó violentamente, pues varios de los asistentes, enardecidos por causa de las herejías que acababan de escuchar, sacaron al anciano del sótano y ejecutaron la sentencia que dictaminaba la ley del galpón: el hereje debe ser picoteado hasta que deje de respirar. El anciano miraba al techo, mientras los espontáneos verdugos picoteaban con furia su cuerpo, primero desplumándolo y luego hiriendo sin piedad la piel desnuda, hasta formar una sanguinolenta mezcla de carne, órganos, huesos y plumas despedazadas.

Aunque la escena le repugnaba, el joven sabía que debía picotear para demostrar su fidelidad a los humanos. El anciano ya casi estaba sin respiración, cuando se le acercó y, con delicadeza mal fingida, tocó con su pico el cuello ensangrentado, alcanzando a escuchar sus últimas palabras: “que mi sangre les ayude a despertar…”

Quedó pensativo unos instantes frente al cuerpo inerte del anciano. Notó que su pico tenía sangre e instintivamente limpió lo que pudo con su lengua, y restregó el pico contra un ala.

Mientras el sabor caliente y salado de la sangre entraba en su sistema, comenzó a entender ciertas ideas peligrosas.